Qué
absurdo lo irreal y ya de por sí abstracto. Qué absurdo lo real y
no por ello cierto. Es tan fácil creer, y no es nada reprochable, la
intensidad de sentir la rugosidad de un árbol bajo las yemas de los
dedos es tan terriblemente convincente que el planteamiento de no ser
cierto es susceptible de ser factible. Lógico. La posibilidad de un
mundo inventado o irreal es agobiante y triste, para qué entonces
pensar en ello si de cualquier forma el árbol ahí continúa sin
modificar su apariencia. Si nosotros somos sueños, es mejor vivir en
el sueño junto al árbol y disfrutar de sus flores, que desesperarse
pensando que no es más que una ilusión.
Pero
es que nos resulta tan increíblemente sencillo creer... creemos
realmente en todo. Creemos en la vida y creemos en la
muerte, en el odio, en el amor y en la corrupción, en la amistad y
en el chocolate... confiamos en nuestros sentidos con la fe ciega de
los niños en sus madres, una terrible derivación de la falta de
curiosidad, una abominación el no querer ni tan siquiera preguntarse
si eso es realmente lo que pensamos o por el
contrario no tiene nada que ver. Hemos visto tantísimas veces una
piedra caer al suelo que en realidad nunca nos cuestionamos que eso
es lo que va a volver a ocurrir si la tiramos de nuevo. Pero no lo
hacemos, ya que carece de interés. La causa de su caída es tan
evidentemente clara para nosotros... ya no nos cuestionamos
absolutamente nada.
Imagina
que en algún lugar fuera o dentro de este universo, hay un niño.
Tiene nueve años y una imaginación fértil. Está durmiendo en su
cama, afectuosamente arropado entre las sábanas dulcemente colocadas
por su madre. El sitio en el que vive guarda cierto parecido con el
nuestro, y su aspecto, también. Sus sueños son largos, profundos y
detallados. En ese momento su mente imagina un mundo llamado Tierra
que, en algún lugar del Universo, alberga en su interior muchos
seres de apariencia semejante a la suya. Tal vez con las orejas un
poco más pequeñas. Su madre suele advertirle de que tanta ficción
no es buena y que debería centrarse en cosas más reales. Pero, sin
embargo, el tierno niño sigue creando el sueño.
Dentro
de la Tierra, una niña escribe delante de un ordenador. El país en
el que se encuentra se llama España, que es un nombre bonito y que,
además, se encuentra más o menos en el centro del mapamundi. Esto,
por su supuesto, es un capricho del niño. Los niños pequeños, ya
lo sabéis, gustan de saber que sus cosas y principalmente ellos
mismos son el centro del mundo. Así pues, España no era más que un
capricho.
El
sueño sigue y la niña sigue escribiendo. A veces suspira exasperada
por la falta de ideas, pero otras, las palabras surgen innatas como
un reguero de pólvora que acaba por explotar. El niño crea toda una
vida para ella: su colegio y sus amigos, les pone nombre y
personalidad. Piensa en sus padres y cómo serán, si tendrá
hermanos y familiares. Finalmente, esa niña tiene identidad propia
dentro del sueño y su vida crece rica en detalles. Mientras tanto,
sigue escribiendo en el ordenador.
Por
fin ha encontrado un tema del que hablar. Ella se pregunta angustiada
si realmente existe o no es más que una ilusión. El niño visualiza
su rostro preocupado, sus dedos tecleando febriles sobre el teclado.
Tiene las uñas pintadas de violeta, un detalle que decide añadir
para darle color al sueño. Sigue escribiendo y las lágrimas nublan
un poco su mirada, no más de lo necesario, pues se pregunta qué
ocurriría si no fuera más que una imagen dentro de un sueño de un
niño. Ésa es otra característica del carácter del infante. Él
mismo quiere aparecer en su sueño.
Finalmente,
la chica acaba su escrito y decide subirlo a un espacio en Internet
para que todo el mundo pudiera leerlo. Duda de si el mundo compartirá
sus temores o, por el contrario, los ignorarán como ignoran a la
piedra que cae. Lo sube.
En
ese momento, el niño se despierta.
La
vida de la niña explota y desaparece, y ya no es más que el
vestigio de un sueño pasado, como tantos otros. Carece de interés,
se sueñan tantas cosas a lo largo de la vida...
En
algún otro lugar del universo, o tal vez en otra dimensión o
espacio, la vida de una niña desaparece como el cuerpo danzante de
la llama de una vela... una llama extinguida por el soplido de un
niño en en un lugar lejano. Ella ya no existe, aquellas dudas que
plasmó sobre un teclado ya no son nada, y todos aquellos detalles
que durante un momento fueron más o menos reales pasaron a no ser
absolutamente nada, nada ni tan siquiera dentro del subconsciente del
niño, que olvida su sueño igual que olvidó tantos otros.
Y
todo aquello que creía saber que existía solo por haberlo tocado y
sentido, desapareció de igual manera que sus temores, sus uñas
pintadas de violeta y la vida que creía haber tenido...
(Mientras
tanto, en el mismo lugar donde vive el niño, otras tantas personas
sueñan con otras vidas, y las crean con todos sus obstáculos y
ambiciones para, luego, al despertar, hacerlas explotar y
desaparecer, al tiempo que olvidan ese planeta llamado Tierra, donde
unos seres ilusos llamados humanos tienen la ilusión de ser reales.)
2 comentarios:
me gusta mucho, como se te ocurre todo eso???
weweweweee
si escribes un libro seguro que se hace de esos famosos como harry potter
jajaja
:)
¿Ladiiii? Jajajaja gracias gracias gracias gracias. Patricia, te quiero un montonazo, menos mal que estás ahí.
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