jueves, 4 de octubre de 2012

Una vez soñé

Una vez soñé que se moría. Es decir, que su presencia pasaba a ser simplemente un cuerpo sin vida ni objeto y que jamás podría volver a verla reír. Recuerdo sentir terror (fue hace años), calor, agobio, y llorar largo y tendido nada más abrir los ojos, para darme cuenta de que en realidad ya había llorado mientras soñaba y que la almohada estaba empapada. Todos soñamos algo así en algún momento de nuestras vidas, porque las pesadillas existen y nos vigilan, para saltar en las noches más inesperadas como fieras en busca de sangre. 
Lo curioso es, sin embargo, que aquello cambió algo en mi mente. Había llegado a sentirla como algo muy presente en mi vida y, por tanto, como algo muy normal, muy habitual, una columna que siempre está ahí, que no cambia, que es inmutable. Que pasa no exactamente desapercibida, pero sí como por descontado, que no se teme su ausencia, formaba parte de mi rutina. Y nos pasa de manera constante, con cualquier cosa, con nuestra casa, con nuestra familia, que siempre están ahí con su vida o su rutina, y nuestra valoración sobre ellos decae porque pasamos a pensar que jamás faltarán. Y es mentira. Por lo menos, en ocasiones. Yo me di cuenta el día de la pesadilla, cuando me desperté sollozando por razones  del todo lógicas, es decir, que de repente pasé de considerar su presencia como algo habitual a no poder parar de preguntarme qué ocurriría si ella no estuviera, si no representara el papel de mejor amiga y fuera simplemente una extraña o si muriese y ya no pudiera volver a hablar con ella jamás.

Es curioso, porque realmente pienso que me sería casi imposible superar su pérdida. ¿Qué haría si no estuviera? Cuando sonara el teléfono, pensaría inconscientemente que es ella, como siempre, porque eso es algo que me suele pasar, siempre pienso que es ella por la fuerza de la costumbre, y el darse cuenta de golpe de que no lo es porque ya no está sería como un sinónimo de vacío, de incoherencia y de perplejidad casi imposible de convertir en dolor, porque... ¿¿cómo sería eso factible??

Tengo muchos recuerdos de todos estos años como amigas, muchísimos, como telarañas que a nada amenazan con romperse, con quebrar, pero que aguantan el tirón del viento. Recuerdo todas sus ideas y su competitividad para conmigo, aunque tal vez la que fuera realmente competitiva era yo, no lo sé, tantos años han pasado que me pregunto si realmente fue una realidad. 

Tengo la mente llena de ideas sobre ella. ¿Qué es lo que realmente pasa por su mente? A veces me cuesta entenderlo, porque ella es distinta, es la amiga que me frena o que me anima, pero sus razones son suyas y distintas a las mías, me hace pensar, me obliga a cuestionarme el por qué de ciertas cosas que habría creído innegables. Siempre con las ideas tan claras, en pos de lo que realmente creía, siempre con esa facultad de enseñarme cosas nuevas, curiosidades de todo, como si yo viviera aislada de la vida y ella fuera la encargada de revelarme lo que para ella es obvio y para mí un nuevo mundo.

Prefiero que sea así, con ese entendimiento que nos profesamos pero sin llegar nunca a la comprensión completa. Prefiero que sea siempre así, que siempre me haga reír, y que siempre afloren esas conversaciones infinitas que podrían no acabar nunca, tantas palabras, tanto intercambio de risas, las mandíbulas doloridas de tanto reír, la sangre hirviendo por la alegría de estar hablando con una persona que te provoca tal sensación de felicidad y complicidad, que no cuesta nada sonreír cuando hablo con ella, ni burlarse del mundo y de nosotras mismas, porque ella me enseñó que eso es posible.

En algunos momentos llegué a pensar que me había olvidado y desechado como amiga, que había encontrado mejor compañía en otras personas, cosa totalmente lógica y factible, sucede continuamente, personas que nos llenan más por dentro que otras y que, por tanto, pasan a sustituir tristemente a las anteriores. Otras veces pienso que no puede ser, que me necesita como yo la necesito a ella, pero realmente nada de eso importa, porque toda su persona siempre va a ser importante para mí, eso no cambiará jamás y su opinión sobre mí no cuenta para nada en ese aspecto.

Ella es mi mejor amiga y punto.


(Si no hubiera sido por aquella pesadilla, aún serías algo habitual en mi vida, pero ya he comprendido que no lo eres y por tanto te valoro de una manera muy especial a todas horas, como la maravillosa persona que eres. Y siempre voy a estar dando gracias por aquella inmensa e incomprensible casualidad del destino que un día nos reunió en un mismo lugar al mismo tiempo y a partir de la cual surgió esta hermosa e imprescindible amistad. Sobre todo imprescindible.)




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