¿Cuál es la diferencia entre un filósofo y un literato? ¿Son la filosofía y la literatura las partes de un solo todo o, por el contrario, son independientes la una de la otra? ¿Tienen ambas ramas algo más en común aparte de que suelan, solo suelan, ponerse por escrito? No es habitual que el hombre de a pie se ponga a pensar en tales cuestiones, para él ni procede ni es cuestión práctica, o al menos en la frágil y vulnerable apariencia. Y sin embargo, cuando se hace tal pregunta, la gente asocia tales conceptos, filosofía y literatura, piensan que van unidos, ambos son vistos como partes indisolubles de la noble rama de las Letras. ¿Y es así? ¿Es realmente así?, pregunto yo.
No. El ser humano alberga en su interior dos instintos innatos y siempre latentes, en mayor o menor medida (ocultos, semiocultos o visiblemente abiertos) que son la necesidad de saber el por qué de las cosas y luego, por otra parte totalmente distinta, la necesidad de crear.
Empecemos por el menester singular de saber el por qué de las preguntas. La persona que indaga en sí mismo y en la naturaleza, buscando respuestas que no se encuentran en la ciencia, sino tan solo en nuestra inexplorada e inhóspita mente, es un filósofo.El filósofo busca revivir en su ser esa necesidad acuciante y furiosa de saber, ese modo de curiosidad que habitó en él cuando era un niño que aún estaba descubriendo el mundo. Con el tiempo la curiosidad se calmó, porque todo empezó a ser habitual. Las piedras caen si las tiras al aire, los peluches no hablan, los platos se rompen si los tiras. Al cabo de haber tirado muchas piedras al aire, dejas de asombrarte cuando ves que caen una y otra vez. Es algo natural, piensas.
Pero el filósofo se para a pensar un día en que las cosas han de tener una razón, y van más allá de las cuestiones físicas, como pueden ser la piedra que cae o el plato que se rompe. El filósofo sigue adelante y trata de buscar una explicación a su propia persona. De dónde viene, adónde va. Quién es, qué quiere, por qué lo quiere, qué siente y por qué... siempre el por qué. El filósofo elabora teorías, aún sabiendo que la verdad (la verdad, eso es lo que busca un filósofo) se le escapa entre los dedos una y otra vez, que jamás le deja atraparla porque es mil veces más rápida que él. Y sin embargo, aunque no halle la verdad, solo por el hecho de buscarla ya sabe algo sobre ella: que es compleja, rápida e innata en nosotros. Y eso es algo.
Pasemos a la necesidad de crear. Dejemos al filósofo y vayamos al literato.
El literato (así como el pintor y otros tipos de creadores, pero en este caso centrémonos en el literato) es una persona que ansía hacer que algo surja de la nada, y que además tenga una belleza que el resto del mundo pueda admirar para su disfrute y que, además, se pueda sentir identificado con esa creación, para que ayude la comprensión de su propia persona. Crear una historia ha de tener unos elementos armónicos y hermosos, una historia compleja o sencilla, no importa, siempre que sea capaz de despertar admiración y una serie de sentimientos tales como la comprensión, la identificación, etc.
El literato crea para los demás. Lo que escriba no ha de ser necesariamente verdadero, la mayoría de las historias surgen fruto de una maravillosa imaginación. De esta manera su función también abarca el disfrute ocioso de los demás, de forma que si esta persona se guarda lo que ha creado para sí... ¿cómo podría ser feliz? ¿Para qué sirve su talento si no es para que se pueda compartir, multiplicar, evolucionar? Un talento encerrado es puro egoísmo melancólico, propulsor de tristezas y agonías sin fin, tal solo destruidas cuando tu obra es conocida y alguien (¡aunque solo sea una persona!) te sonríe y te dice que lo que has escrito le ha ayudado a pensar y a cavilar. Que le ha ayudado. Eso es lo importante.
Creo que hasta aquí queda claro, en mayor o menor medida, la diferencia básica y lógica entre un filósofo y literato.
El filósofo ansía descubrir el por qué.
El literato ansía crear.
(Me gustaría poder considerarme literata y filósofa, pero no me atrevería a juzgar si poseo el suficiente talento o necesidad de saber y crear como para ello, pero que fuera así sería una realidad francamente hermosa.)
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