Tengo una bala de plomo, pesada y certera, ingresada en lo más hondo de mi corazón. Es una inquietud leve pero constante, un sonido inmutable y agudo, persistente en mi cabeza, que no me deja dormir, ni pensar, ni desear, ni ser feliz.
Es una triste forma de soledad, una sensación de no saber, de no entender, de no querer, de no ser querida. Una montaña de evidencias en forma de duda, una avispa diminuta y densa, que me zumba en el oído y me hace pensar que no soy necesaria.
Pienso a veces que desechan mi voz como si mis palabras no merecieran atención, como si el criterio ajeno decidiera, sin malicia, solo con objetividad, que no soy digna de ninguna mirada, de ninguna curiosidad. Saber que tu voz es livianamente escuchada pero jamás aceptada, nunca realmente considerada, un molesto vaivén del viento entre las hojas, una nube más en el paisaje, que se mira pero se olvida. Un vacío en la memoria, nada meritorio de ser recordado, una flor marchita de la cual nadie lamenta su falta de vida.
Mi voto se esfuma, no tiene valor, mi criterio no es suficiente, no existe, no vale, no sirve. Es un grano de arena que se hunde en el mar y no regresa a a superficie, es algo ilusorio.
Soy irreal como un ave fénix, ardo en llamas y renazco en mi propio mundo, y al despertar ya no hay alas, ya no hay fuego, no hay emoción, no hay vida. Tan solo hay una sombra sin nombre en la que nadie se fija.
No hay tumbas con mi nombre solo porque aún vivo.
No hay tumbas con mi mente solo porque aún razona.
No hay tumbas con mi cuerpo solo porque aún articula.
Tan solo hay vacío donde mis pasos se marcan, tan solo palabras olvidadas, no dignas de tumbas porque aún flotan en el aire, no dignas de atención porque nadie las necesita.
Que esas palabras y actos ajenos que levantan grandes expectaciones en mis labios doloridos no son más que polvo que desaparece al viento.
Soy un solo ente sin finalidad conocida, soy una quimera de los sueños olvidados, soy un trasto desechado, un árbol sin oxígeno. Nunca imprescindible. La hierba muere pero nunca se le hecha de menos, siempre surge otra, siempre evoluciona, más fuerte, más feliz, con más posibilidades. Surge y es recordada, es brillante, es llamativa, es felizmente aceptada.
La omisión marca mi camino, y yo lo sigo, yo continúo, siempre al frente, buscando almas perdidas como yo que me ayuden, que me den la mano y me sonrían...
Almas perdidas e innecesarias que me puedan recordar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario