La conexión de la complementación es el sentir que ante ti hay una persona que, de alguna manera ajena a ella y a ti, tiene la facultad hacerte pensar que digas lo que digas quedará en un contexto adecuado, o que será comprendido, o confirmado o generosamente bien recibido. Por decirlo de alguna forma, algunas personalidades tienen la bendita cualidad de encajar con la tuya de una manera maravillosamente exacta, como si de dos piezas de reloj se trataran.
Ahora bien, ¿cuáles son las circunstancias que deben darse para que tal cosa suceda? No hay medidas exactas, es algo arbitrario, porque ¿cómo vas a esperar que tal o cual persona reúna tales condiciones? La fórmula de la amistad o amor perfectos no existe porque no entendemos el sentimiento en sí, de alguna manera ese tipo de respuestas se nos escapan (y no precisamente de entre los dedos, sino que nos llevan una considerable ventaja), se nos han estado escapando durante siglos, durante esos innumerables años buscando la explicación a nuestra mente y a nuestra conciencia. No ha sido, sin embargo, una fructífera busca, y la razón de ese fuego que alimenta a nuestros pensamientos y a nuestras emociones ha permanecido notablemente oculto. Y era, por decirlo de alguna manera, un fuego que no desprendía humo que pudiera delatar su posición. Y puesto que sin la razón de nuestra alma no podemos saber la razón de nuestras emociones, dejémoslo para más tarde y centrémonos en los hechos.
Hay gente que piensa que dos personalidades plenamente opuestas pueden generar este tipo de relaciones, una dependencia, el uno tiene lo que al otro le falta y de esta manera dos sentimientos contrarios hallan el respaldo mutuo en el otro. La prepotencia es cautivada por la humildad, y viceversa. Con alguien así a tu lado, el mundo es distinto y se hace menos monótono y más variado, porque tu mente se abre a un punto de vista distinto, a otra forma de ver la realidad.
Yo a veces creo que tal extremo no llega a producirse, aunque jamás podría decirlo con seguridad (¡estas cosas son tan aleatorias e imprevistas!). Sin embargo creo que la clave de esa conexión entre dos personas (que no por ello tiene que acabar ni tan siquiera en amistad) es más bien un equilibrio entre ambas personalidades, dos opuestos pero no extremos, distintos grados de sentimiento.
¿Acaso el orgullo es orgullo sin más? ¿No hay distintos grados de orgullo? ¿No está el orgullo por la humillación, el orgullo de la competitividad, el orgullo invisible que puede surgir furioso en el momento más imprevisto, el orgullo aparente y descomunal que finalmente se traduce en nada, el orgullo que ciega, el orgullo sano? ¿No deberían acaso complementarse dos tipos de orgullo distintos y opuestos, para aprender el uno del otro?
Pero, surgen más complicaciones a la hora de analizar el por qué de este tipo de atracciones. Siguiendo el ejemplo del orgullo, hay que tener en cuenta que la compatibilidad de dos sentimientos depende de también de otros innumerables terceros. De manera que toda nuestra gama de sentimientos, pongámosle de A, tendrían que estar en perfecta consonancia con los de B, y el orgullo de ambos tendría que estar adecuadamente equilibrado con los suyos propios y con los del otro. Esto, suponiendo que se busque a la persona perfecta. Podríamos dejar pasar, sin embargo, algunos defectos de compatibilidad entre ambos porque es bien sabido que pocas veces se encuentra tanta perfección en la persona amada, bien por vínculos de amistad o por vínculos de amor o familiares, esto es irrevelante.
Cuando encontramos a una persona así (y, repito, no tiene por fuerza tener que alcanzar el estadio ideal, rozándolo basta para iniciar una relación de entendimiento) solemos con frecuencia caer en un estado de perpleja felicidad, que puede llegar a arruinarlo todo si se hace demasiado pesada y duradera, que se acaba traduciendo en una feliz rutina basada en el apoyo en la otra persona.
En realidad, a veces no se sabe si es así, si te apoya. A veces solo es una relación de palabras en momentos determinados, palabras que te hacen pensar y te hacen responder sacando lo más intrincado de ti. A veces la simple visión de esa persona te hace reflexionar y plantearte la vida, como si sus sentimientos estuvieran de tal forma combinados que chocan con los tuyos produciéndoles un cierto temblor importante. Y sabes que esa persona entiende y comprende lo que piensas, de la misma inexplicable forma que tú la entiendes y la comprendes a ella.
La conexión de la complementación es ciertamente algo muy complejo, una serie de casualidades que tienen a bien congregarse en cierto momento de tu vida.
Lo curioso es que, por muy complicado que resulte, siempre acaba surgiendo en algún momento de la vida.
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