Ay. Tengo miedo.
Mis ilusiones... rotas, vanas, inútiles, hazmerreíres. Pequeñas e insignificantes, eran alimento prolongado de pasiones y mesuras que exaltaban mi alma a alturas inconmensurables, que componen un futuro utópico y ficticio sin posibilidad de realizarse, y sin ella se plagará de esperanzas que ansían cumplirse aún sabiendo que nunca llegarán a buen término.
Mis ilusiones... rotas, vanas, inútiles, hazmerreíres. Pequeñas e insignificantes, eran alimento prolongado de pasiones y mesuras que exaltaban mi alma a alturas inconmensurables, que componen un futuro utópico y ficticio sin posibilidad de realizarse, y sin ella se plagará de esperanzas que ansían cumplirse aún sabiendo que nunca llegarán a buen término.
Cualquier acción en el presente implica una decisión basada en el futuro que tengo a bien imaginar o tratar de planificar, como si eso fuera posible, como si supiera donde me dejarán los años, si varada bajo un puente, acariciada por la seda, mimada por los besos, perdida tras fronteras lejanas... desaparecida y sola, tal vez, arrancada por la muerte a la fría tumba que persiste en tomarnos la mano para guiar nuestros pasos con un cariz suave, sin que nos demos cuenta. Tan suave, tan melosa es la muerte cuando camina a nuestro lado, que a veces nos olvidamos de ella y damos por hecho nuestra vida en los próximos instantes, cuando perfectamente podría ser que nos fuera arrancada.
Y aún así, qué tranquilidad. Qué dominio para ignorar a la Parca.
Y pese a la muerte, yo quisiera llevar a buen término lo que en un principio me fue dado para ser desarrollado, para la pasión intelectual que llena el corazón y la mente, y la hace reír y llorar y hacer que viva y lata como si de un órgano llameante se tratara mi alma.
Yo, que me doy cuenta de la que gente que se adormece voluntariamente, que cierra los ojos y se abandona sin pensarlo porque están ciegos, ciegos, ciegos. Ellos se arrojan a una superficialidad de la que no anhelan salir, sino que se encierran, se envuelvan, la respiran, la besan. Y que todos estamos de lleno en una gran superficialidad, sí. La diferencia está en quien intenta salir de ella y quien se queda encallado, como esos grandes, descomunales, barcos de rozan las piedras y allí se quedan y se hunden, sin que se les ocurra la posibilidad de echar los botes al agua para salvar la vida...
Yo, que sufro por estar trabada y ser consciente, muy consciente, de lo que me espera por ser quien soy y haber dicho insensateces que ahora pasan factura amenazando con arrancarme la vida.
Yo, que solo deseo crear líneas bajo líneas y saber y contar y explicar y entender.
Y correr, zafarme, escapar de las condiciones que me crea la colectividad depredadora...
Yo, que quisiera y soy consciente, no puedo.
Ay. Tengo miedo... de acabar mis días habiendo tomado la decisión equivocada y haberme condenado así a noches de futuras lágrimas, que son causa de una vida políticamente correcta.
Y pese a la muerte, yo quisiera llevar a buen término lo que en un principio me fue dado para ser desarrollado, para la pasión intelectual que llena el corazón y la mente, y la hace reír y llorar y hacer que viva y lata como si de un órgano llameante se tratara mi alma.
Yo, que me doy cuenta de la que gente que se adormece voluntariamente, que cierra los ojos y se abandona sin pensarlo porque están ciegos, ciegos, ciegos. Ellos se arrojan a una superficialidad de la que no anhelan salir, sino que se encierran, se envuelvan, la respiran, la besan. Y que todos estamos de lleno en una gran superficialidad, sí. La diferencia está en quien intenta salir de ella y quien se queda encallado, como esos grandes, descomunales, barcos de rozan las piedras y allí se quedan y se hunden, sin que se les ocurra la posibilidad de echar los botes al agua para salvar la vida...
Yo, que sufro por estar trabada y ser consciente, muy consciente, de lo que me espera por ser quien soy y haber dicho insensateces que ahora pasan factura amenazando con arrancarme la vida.
Yo, que solo deseo crear líneas bajo líneas y saber y contar y explicar y entender.
Y correr, zafarme, escapar de las condiciones que me crea la colectividad depredadora...
Yo, que quisiera y soy consciente, no puedo.
Ay. Tengo miedo... de acabar mis días habiendo tomado la decisión equivocada y haberme condenado así a noches de futuras lágrimas, que son causa de una vida políticamente correcta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario