miércoles, 14 de noviembre de 2012

Monólogo de soledad

En el interior de un espacio paralelo, o tal vez tangente, la mente de una niña vuela y se pierde, se va y vuelve, emerge y se sumerge, está indecisa, no sabe, no entiende, no comprende. No sabe si está llorando porque ya no tiene consciencia física, ahora solo es capaz de pensar y de buscar un por qué que realmente jamás entenderá, o tal vez sí, depende de cómo lo mire. Esta niña es un ejemplo global de todas aquellas que sufren acoso por sus propios compañeros de colegio, o instituto, da igual, la inmadurez cada vez engloba más edades y ahora no tantos niños de doce años son tan inocentes como antaño. Pongámosle trece años, no hace falta el nombre, ella no es más que un ejemplo representativo.  Habla consigo misma. 
Tal vez escuchar su voz le calme o le haga ser más lúcida ante la irreverente realidad.

-Me gustaría saber qué les he hecho, en qué les llamé la atención como para que me eligieran a mí y solo a mí de blanco de sus dardos fríos, como si no hubieran más personas en el mundo más culpables que yo, de cualquier cosa, no importa, yo no soy nadie y no significo más que diversión, jamás les hice nada, ni les insulté ni me rebelé. Imagino que no fue más que instrumento para quedar bien, pero no soy capaz de razonarlo y menos aún de justificarlo, como me he sentido querer morir y no poder hacerlo, nunca ser capaz de cerrar los ojos para siempre, nunca me moría, no era capaz, mi cuerpo testarudo aún seguía latiendo contra mi voluntad. Y lo pensaba de verdad, me odiaba a mí misma, me odiaba y mi propia persona me generaba pensamiento de desprecio, por no encararme a ellos ni ser feliz, de dejarme someter y arramblar sin razón, que realmente no había pretextos válido, era su inmadurez y su falta de conocimiento lo que les hace humillarme, realmente no es que piensen que soy fea, patosa o imbécil, sino que en su reducida cabeza los insultos y las risas crueles les crecen ante los ojos de sus amigos, de manera que les imponen su poder, es un aviso: 'mira lo que le hago, si no te andas con cuidado el próximo serás tú y no pienso cortarme, este es mi territorio y no tengo intención de perderlo'. No siempre soy capaz de pensar tan lúcidamente como ahora, normalmente les creo, me creo sus mentiras, me creo que soy una birria humana y que no le gusto a nadie, me creo que no tengo amigos y que todos me dan de la lado, que a la hora de verdad no hay hombros sobre los que apoyarte, en resumen, que nadie me quiere. 

>>Me siento como una sombra que nadie es capaz de apoyar porque no vale la pena, me siento el blanco de las miradas curiosas y prudentes, siento que algunos quieren ayudarme pero tienen miedo, noto sus miradas asustadas, el rechazo que les produce la sola idea de acabar como yo, que soy la marginada, el desecho social, la que nadie acepta, la que todos rehúsan. Ése es el problema, en realidad. El sentirnos aceptados es lo que todos queremos, en el fondo siempre sale a relucir nuestro instinto animal de ir en manadas, de no quedar excluidos. Y no quiero estar sola, no quiero, de verdad, siento un terror cerval nada más de pensar en ello, no soy capaz de soportarlo, lloro, empapo la almohada con mis lágrimas, me ahogo entre las sábanas (ojalá me ahogara de verdad), siento la boca seca e inservible, como nunca más pudieran volver a salir palabras de ella.


Silencio. 

-En realidad no lo entiendo, no puedo llegar al fondo de la cuestión, pero lo peor es que creo que si me sentara y reflexionara, todo cobraría un sentido, su inmadurez, sus ganas de alardear, todo se lo achacaría a algo lógico e irremediable, lo vería con objetividad y sería más capaz de soportarlo por pura comprensión del asunto, pero ahora no puedo, me siento cegada, tan solo puedo pensar en ellos desapareciendo de la faz del mundo, de la venganza, es inevitable, todo es fruto de buscar soluciones al problema, y la vía más rápida es acabar con ellos. Que no volvieran a existir, ni a hablar, ni a pensar, ni a señalar, ni a empujar. Empezar de cero, me harían un gran favor.

>>Sé que no debería pensarlo, que no es propio de alguien bien educado, alguien como yo, una niña buena. Pero no puedo evitarlo, sería tan fácil y tan perfecto, realmente la muerte sería una bonita conclusión.

>>Calla, mente cruel. No te rebajes a su nivel. No pienses más en ello. Yo valgo más, mis sueños no serán hundidos ni arrastrados por ellos ni sus maneras, no deben, no es justo. No sería equiparable que sus palabras lacerantes me destrozaran la vida, nada de lo que me puedan decir o hacer podrá conmigo, yo soy más, me puedo dominar, podría matarles cuando quisiera, nada más fácil, pero no lo haré, seré una persona y dejaré para ellos el nivel de los animales. Pero me siento tan poco capaz de aguantarlo, esta presión, el saberme despreciada, eso es lo peor, estar sola, la soledad, inhumana soledad, ambiguo amor que surge cuando le conviene, así me siento. Me hundo y a pesar de mis palabras de apoyo (¡eso es lo peor, que el apoyo jamás viene de fuera, tengo que sacarlo de mí y eso ya de por sí me hunde!) no puedo evitarlo, no soy feliz, no rozo ni tan siquiera el estado de normalidad en la que la mayoría están sumidos, tan solo quiero morir, no vivir, dormir para siempre arropada por quién me quiera, estar en un lugar donde no se me juzgue, que yo no he hecho nada, soy inocente, una víctima, sombra del polvo desperdigado, apenas eso, no soy nada.

Silencio.


-Es que soy tan invisible...

Llora.



(Con esta entrada me solidarizo con cualquier persona que sufra o haya sufrido bulling. Pese a no ser mi caso, puedo entender cual es la desesperación rotunda que implica esta situación. Nada de lo que se diga sobre vosotros puede ser cierto porque no hay nadie, ni vosotros mismos, que pueda saber cual es la esencia de vuestra alma, ni nadie exploró jamás las entrañas de vuestro miedo... de manera que cualquier palabra insultante deja inmediatamente por debajo de ti, como persona que siente y ama y razona, a quién la pronunció.)



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