Se busca, trama y alimenta, se mata, se vive y se perdura. Se vuelven locos y suicidas, felices o entrañables, melosos, tristes y adorables. Todo gira, rota y se detiene si hiciera falta... por afán del dinero.
Oxidado y alevoso metal, sucio engendro de pasiones inhumanas, rompe y tritura a su antojo, maltrata países, vidas y situaciones, a todos nos hace dudar bajo su eterna tentación, titubeamos si anteponerlo ante nuestras familias, ante la dignidad de quien está a nuestro cargo.
Postra a sus pies a políticos infames, los seduce y los reduce, al dinero le gusta ser robado y nos hace pensar... en cuantas cosas podríamos obtener con él, cuanta gloria, fama y poder, cuantas casas, lujo y blancos colchones de plumas sobre los que reposar nuestro inflado cuerpo de manjares y delicias. Ellos se ven frente a cantidades ingentes de riquezas, pertenecientes a ajenos, pero para ellos no importa, siempre piensan que quedará disimulado, que no se notará... Pensamientos insuflados por la avaricia que el propio metal produce, su tan sola presencia, sin necesidad de que hable o estimule, que diga o que pronuncie, nuestra propia imaginación es más que suficiente para robarlo y ansiarlo, para matar y morir por él.
Hace sufrir a desamparados, humildes sin recursos, su carencia origina muertes, desgracias y pérdidas, flaquezas y tristezas de familias completas. Su privación provoca el olvido, el pensamiento masivo de que no se es nadie sin dinero, sin pieles y sin diamantes, sin un smartphone o sin la ropa de moda que no nos podemos permitir. Nos hace llorar porque nos provoca miedos, que no somos nadie sin su presencia ingrata y devastadora.
El dinero es el rey más absolutista de todos cuantos han existido jamás, todos ellos doblegados ante él, el dios del reino material en el que todos se vuelcan, dueño indiscutible del mundo y sus consecuencias, impedimento para empresas urgentes, patrocinador innato de catástrofes humanas.
Que el mundo se rompe y no se hace nada, porque no hay dinero para ello. Que las familias amanecen en las calles porque les han quitado su casa. Que todo se quiebra, se zahiere y se hunde, pero se cruzan de manos porque no hay dinero para arreglarlo.
Hace ladrón al más honrado, bello al más espantajo, cambia, torna y enmudece. Entierra sentimientos, dados por muertos y sepultados bajo polvo. Él gobierna y es señor indiscutible de vidas, tierras y personas. Cogidos por la cuerda, somos vasallos directos e indirectos, todo lo hacemos por su causa y señorío, nuestro sacrificio por su gloria.
Lágrimas y agravios nublarán nuestra mente por su causa, seremos mofa y escarnio de quienes lo posean en abundancia. Pero hasta ellos se someten sin quererlo, y son arrastrados hasta sus pies, jadeando como perros por conseguir su favor.
Ya lo decía Quevedo en su momento:
"Poderoso caballero
es Don Dinero".
Hace sufrir a desamparados, humildes sin recursos, su carencia origina muertes, desgracias y pérdidas, flaquezas y tristezas de familias completas. Su privación provoca el olvido, el pensamiento masivo de que no se es nadie sin dinero, sin pieles y sin diamantes, sin un smartphone o sin la ropa de moda que no nos podemos permitir. Nos hace llorar porque nos provoca miedos, que no somos nadie sin su presencia ingrata y devastadora.
El dinero es el rey más absolutista de todos cuantos han existido jamás, todos ellos doblegados ante él, el dios del reino material en el que todos se vuelcan, dueño indiscutible del mundo y sus consecuencias, impedimento para empresas urgentes, patrocinador innato de catástrofes humanas.
Que el mundo se rompe y no se hace nada, porque no hay dinero para ello. Que las familias amanecen en las calles porque les han quitado su casa. Que todo se quiebra, se zahiere y se hunde, pero se cruzan de manos porque no hay dinero para arreglarlo.
Hace ladrón al más honrado, bello al más espantajo, cambia, torna y enmudece. Entierra sentimientos, dados por muertos y sepultados bajo polvo. Él gobierna y es señor indiscutible de vidas, tierras y personas. Cogidos por la cuerda, somos vasallos directos e indirectos, todo lo hacemos por su causa y señorío, nuestro sacrificio por su gloria.
Lágrimas y agravios nublarán nuestra mente por su causa, seremos mofa y escarnio de quienes lo posean en abundancia. Pero hasta ellos se someten sin quererlo, y son arrastrados hasta sus pies, jadeando como perros por conseguir su favor.
Ya lo decía Quevedo en su momento:
"Poderoso caballero
es Don Dinero".
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