Iris de azul por calles coloridas entre el gentío del mediodía. Iris desnudaba su alma a la confianza y esperaba por ello ser correspondida. Su mente era frágil y delicada, y solía volar por las nubes buscando esa misma confianza que, realmente, pocas veces solía encontrar.
Solía llorar por las noches bajo las sábanas suaves, y bajo el resplandor de la ventana se dejaba llevar por causas sin sentido, rota de dolor ante emociones fútiles... sensible y delicada como una flor de invernadero ante el mundo desalmado que a menudo solía desbordarla.
Rubén sonreía fuera de la comprensión ajena, porque no pensaba necesitar nada que no fuera la continua broma a la que una y otra vez sometía a su propia vida.
Vivía en una burbuja de paredes brillantes y transparentes, hermosas que reflejaban el arcoiris de la vida. Veía a través de su burbuja y no sabía que existía. Porque su vida rotaba en constante primavera, y al no necesitar la comprensión ajena, nunca se le ocurrió que alguien pudiera ansiarla.
Rubén e Iris se sonreían a miles de kilómetros, hablaban, se reían. Ambos se contaban sus días. Ella se emocionaba cuando de sus labios salía una palabra cariñosa. Los pétalos de esa pequeña flor se habrían ante el sol que creía tener ante sus ojos.
Un día, Iris se sumió en las desesperación más profunda jamás imaginada. Su frágil primavera que quebró en trozos insignificantes. Esa frágil y efímera primavera había volado y dejado a su paso la desesperación más profunda, el dolor más amplio en el corazón de una niña que solo quería ser feliz.
Buscando ampararse en la alegría de Rubén, Iris se acogió a sus brazos jocosos, esperando que su continuo jolgorio pudiera reparar las consecuencias que su alma había sufrido, buscando la comprensión en su verde mirada y su pelo revuelto, buscando...
...buscando algo que no existía.
Quitándole importancia a su desgracia, apartando con la mano lo que para él parecía una molestia, rehuyó sus penas convirtiéndolas en bromas.
Iris le siguió el juego. Porque jamás pudo asumir que no existiera en él una parte sensible, jamás entendió que su burbuja aún flotaba entre los vientos del destino, pero que a su vez que le protegía del mismo. Rubén no entendía sus sentimientos, porque la pena para él no existía, y se había convertido en una molestia cuando alguien le hablaba de ello.
Lo que Rubén no entiende es la cara rota y desconcertada de Iris, sus indirectas al aire, sus penas susurradas cerca de su oído, pero no en el mismo oído; sus intentos de que reaccione ante su realidad, de que se dé cuenta de que ella le necesita, y que le destroza el alma saber que nunca sabrá lo que para Rubén significa Iris.
¿Acompañante?
¿Quiere pasar el tiempo con ella y luego desaparecer?
O tal vez no busca nada... ni siquiera piensa en ella.
O tal vez no busca nada... ni siquiera piensa en ella.
Tampoco sabe que en un futuro su burbuja explotará, y ese muro de suave líquido maravilloso que le teñía el mundo de un color que no era el real desaparecerá entre los pedazos igualmente rotos de un sueño quebrado por las circunstancias.
Y aunque a Iris le pese en el orgullo, ella sabe que cuando eso ocurra, va a estar bajo el jabón sucio y las cenizas de su vida incinerada, preparada para coger a Rubén en sus brazos vacilantes y seguros a la vez cuando él necesite su comprensión.
Seguro que ella jamás convertirá sus penas en bromas.
2 comentarios:
No tengo palabras, es perfecta.
*sin comentarios de lo buena que es*
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