Otras veces, sin embargo, tenemos algo, una cuestión, una idea, un don... tan increíblemente preclaro en nuestra mente que todo lo concerniente a él se convierte en una obviedad en nuestra vida, en nuestra mente y en nuestra forma de pensar así como en la de expresarnos.
Con esto quiero llegar a un punto muy concreto. Crear. Rescatar de la nada lo que nunca existió, explicar con palabras los sollozos de un recuerdo perdido, alterar el corazón del desconocido haciendo vibrar el alma de cualquiera que lea tus palabras.
Palpita así, flojito, dentro de ti, como un alma en miniatura situada entre tus costillas. Camina por tus venas camuflado entre tu sangre, pero deja a su paso una espiral infinita de genialidad y comprensión.
Te hace entender y comprender lo que te rodea, ya no hay cuerdas que te atan, sino cuerdas que impiden tu salto al vacío y por eso las comprendo.
Me siento viva sintiendo esto, y de cualquier otra forma no podría ser, de cualquier otra forma me haría pensar que no soy yo. ¿Cómo podría ser así? Entendedme. No puedo cabrearme con el mundo cuando soy capaz de entenderlo. Cuando sus porqués y sus razones quedan al desnudo ante mi curiosidad infinita por él, yo no soy capaz de enfadarme cuando el destino me es adverso.
Me gusta crear algo jamás expresado por nadie de la misma forma que yo antes. Para mejor o peor, combinar las letras para expresar situaciones y reflexiones, haciéndolo porque lo deseas, es sentirte libre de una forma maravillosa y fuera de mentiras. Estás tú y las palabras, lo demás sobra.
Si pudiera expresar lo que siente cuando viajas en coche, miras por la ventanilla y un paisaje de tierra rojizas y flores anaranjadas se extiende ante ti, cuando lo miras e ipso-facto tu mente cavila sobre todo lo que podrías decir sobre ese paisaje, no fuera de lo normal pero sí inspirador, y todo ese torbellino de palabras, ideas y expresiones que pasan por tu mente como un soplo de aire helado y tonificante, que espera unos segundos antes de desaparecer por completo... palabras que desaparecen cuando apartas la mirada y las flores ya no están, porque tienes que plasmarlas en algún sitio para que alguien las lea, y sientes esa necesidad acuciante de ser leída, de serle útil al mundo.
Sin embargo, aunque las palabras hayan volado, yo sé que han estado allí, amparadas en la tierra rojiza que cubre mi alma y hechas realidad por la necesidad de creación que, tarde o temprano, todos acabamos experimentando, en mayor o menor medida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario