Grita, grita, grita, pequeño sol, en ese preciso instante en el que el mundo es tan tuyo que podrías cogerlo y tirarlo por la borda de tus sueños si así lo desearas.
Vas a reírte muy fuerte con las manos extendidas hacia el sol del mediodía, que te hará amar el verano ansiado, la arena seca en tus manos mojadas y la sal en tus labios secos por el mar.
Será ese momento escondido tras una esquina del día, disimulado entre las cortinas, que esperará a que saltes el abismo del tiempo y llegues al momento en el que todo explota, al momento en el que vas a ser feliz, y cerrarás los ojos deseando que jamás acabe el segundo más perfecto de tu día.
(Luego los querrás volver a abrir, pero para entonces ya no será igual...)

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