viernes, 30 de marzo de 2012
Carta al que jamás la leerá
jueves, 29 de marzo de 2012
Sentirse bien
Giro radical
domingo, 11 de marzo de 2012
A solas con el teclado
sábado, 10 de marzo de 2012
En nuestra secreta y fabulosa complicidad eran "nuestras estrellas"...
Paredes blancas, suelos grises moteados de blanco. Grandes estanterías repletas de libros que nadie leía. Sillas grandes, cutres, de plástico blanco semejantes a las de los bares. Mesas cuya superficie estaba ribeteada de grabados hechos con tijeras o con compases. Porque la biblioteca de mi colegio es así de deprimente. Porque con tanta “originalidad”, al tratar de estudiar, la cabeza no se mantiene en su sitio. Porque echa a volar…
Y es que pensar que no puedes perder la concentración es ya de por sí un paso para perderla. Pensar que no puedes continuar es un buen método para hundirte en el camino. Pensar que todos te odian es lo mejor que puedes hacer para conseguirlo.
Sueles pensar que lo que dices o piensas no sirve para nada o que tan solo es un simple pensamiento que otras miles de personas han experimentado a la par que tú, antes o después. Porque no hay nada nuevo bajo el sol. Y dejas de ver ese pensamiento tan único y maravilloso como algo íntimo y personal para convertirlo en un vulgar trapo viejo y sucio.
Intentas escapar de un círculo vicioso. Ah… eso es odioso, todos lo sabéis. Tratas de escapar del aburrimiento, del tedio y de la realidad que se masca a tu alrededor. De la rutina, de la normalidad. Tratas de buscar lo fantástico, lo irreal, lo hermoso, lo creativo, lo asombroso, lo sutil, lo fascinante… Y tratas de encontrar todo eso en la tu vida normal. Todo esto es la descripción más fiel de un soñador. De mí, por ejemplo.
Pero no debería estar pensando estas cosas. Debería estar centrada en la libreta de Matemáticas. Debería estudiar para el examen de mañana. Pero las matemáticas son aburridas, y los números son tan fríos y tan faltos de expresión…
"Así encontraba difícil explicar porqué no me sentía capaz, ni tan siquiera por un segundo, de sentirme triste tras lo que había pasado, de pensar que en un segundo había ocurrido el cambio más grande de mi vida, que él ya no iba a estar conmigo, y que su sonrisa ya no me iba a ser destinada... Que aquello tan perfecto había decido esfumarse sin darme una explicación coherente, dejándome en las puertas de la miseria tan absoluta y sin sentido que mi mente fuera capaz de imaginar... Porque no quería pensar que aquellos últimos abrazos ya no había sido sinceros, que aquellas estrellas que habíamos mirado juntos, y que en nuestra secreta y fabulosa complicidad eran "nuestras estrellas", ya solo eran puntos brillantes en el cielo sin significado para él. Decidió ser humo que se deja llevar por el viento, decidió ser algo que nunca debió ser, quiso ser las ambas partes de algo imposible y eso le llevó a una situación indescriptible. Quiso pensar que disponerme a su antojo era parte del trato... Intentó convencerse de que yo podía ser el eterno clavel que espera sin moverse de su sitio, y no entendió que yo era la rosa capaz de herirle con mis espinas de fuego. Amigo... no cuentes más conmigo".
Dios mío… sálvame. No podía pensar ahora en el libro. Pero sabía que él me esperaba en un rincón de mi ordenador, dentro de una carpeta llamada “novela”. Sabía que el ordenador estaba lejos, en mi casa, y que yo estaba encerrada en el colegio, tratando de convertir esta hora muerta en algo productivo.