viernes, 30 de marzo de 2012

Carta al que jamás la leerá

Estimada persona que jamás leerás esta carta:

Dime: ¿quién eres? ¿qué quieres de mí? Si estás leyendo esto, es que no eres la persona que busco. Aunque trato de evitarlo, porque en lo más hondo de mi alma sé que esto no va a suceder, yo busco a alguien. ¿A quién? Busco a alguien que pueda alzar la cabeza y mirar las estrellas sin sentirse ridículo, que pueda entenderme cuando le digo que quiero ser lo que nunca podré, que me mire a los ojos cuando le hablo...

Quiero a alguien detallista, que cuando vea un charco no lo evite sino que mire las sombras reflejadas en el agua.

Quiero que cuando coma gelatina y la tenga en la cuchara no piense en comérsela, sino que la mueva imaginando que es el fuego que brilla en una hoguera encendida en el rincón más remoto del planeta.

Quiero que me acaricie pensando que soy la muñeca de porcelana más frágil del mundo, y que cuando la yema de sus dedos apenas roce mi piel quede fascinado por ese único segundo en el que nuestros cuerpos se han tocado.

Quiero que cuando llore su mayor preocupación no sea secarme las lágrimas sino arrancarme una sonrisa.



Esa persona, perdida en un mundo de sueños y sombras, vulgarmente infiltrada en una multitud que no la merece, perdida sin saberlo en una café destartalado, mirando con fascinación las ondas de la superficie negra y líquida que hay en el interior de su taza, buscando sin cesar nubes en el cielo con forma de estrellas, observando a la gente que pasa por su lado imaginando que será de sus vidas y cuáles serán sus mayores deseos, sus anhelos y sus metas... sus más hondas preocupaciones.

Finalmente, esta persona saca un billete, paga al camarero sin molestarse en coger la vuelta, sale al exterior, donde lo recibe el cálido sol.

Persona que jamás leerás esta carta, saldrás a la calle y volverás a meterte en la horrible rutina de tu vida. Serás una más entre un montón de gente que jamás supo valorarte.

Atentante,

Yo.

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