martes, 15 de julio de 2014

Freno

Tú eres mi freno y el de la gente como yo. Pero somos tan pocos actúas de aliciente para los demás. Les atraes. Eres su comida intangible, aquella que les devora por dentro tras haberles satisfecho. Haces que el mundo caiga por ti, y te mueves como en un sueño, derrochando indiferencia. Probablemente notarás como gente te mira y te observa, con miradas clandestinas, con deseos que les arrollan y les condenan a languidecer. Tú aportas algunos segundos y luego los retiras a tu gusto, guiándote a saber por qué criterios, al libre albedrío de tu indiferencia continua. 

Un momento. ¿A saber qué criterios? Detente. Sí que lo sé. A pesar de ser un plato amargo para mí, el no ser sensible a ti me proporciona coherencia. Puedo ser sensata mientras te observo deleitar. Sé que te regocijas en la diversión y no eres capaz de aguantar el silencio, las miradas calladas ni el pensamiento complejo. Y no eres tú quién se mueve, sino el resto de la gente que baila por ti, se mueve por ti, habla por ti, sin saberlo. Porque miras y al segundo desvías tus ojos, y esos necios piensan que su deber es divertirte mientras ellos se degradan a simple pelele esporádico. Tú les dejas hacer y si consiguen tu atención ríes y abrazas y les obsequias con sonrisas. Duran poco y cuando acaban se desesperan, sus pensamientos se amontonan. ¡Tú ya no estás mirando! Tus ojos vagan crueles y ellos piensan (¡qué tensión!) "le contaré mis secretos y mis pensamientos, y los adornaré y endulzaré y los volveré extremos e interesantes para que me mire y se ría y el mundo entero sepa que somos amigos". Y se sienten importantes.

Y todo esto es tan terriblemente triste. Tú eres triste porque no eres capaz de inspirar confianza ni compañerismo ni estar en silencio cuando se necesite, ni insistir cuando se requiera ni hacer reír. Y ésto último sobre todo. Tú jamás te molestarás en cuidar de alguien ni en intentar que sonría, porque para eso ya existen otros que lo hacen por ti. 

Tu indiferencia les gusta y les supone un reto. Pero mientras yo observo toda la situación, en su conjunto, me pregunto cómo pueden ser tan ciegos y tan imbéciles como para pensar, en serio, que todo esto les merece la pena.

Deben de sentirse muy solos.


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