Se acercó a mí dando diminutos pasos vacilantes, y sus ojos grandes y marrones me miraban fijamente con una ingenuidad infantil que la hacía más bonita de lo que su rostro redondo ya conseguía que fuera. Me cogió la mano con la suya, más pequeña y agradable, más suave al tacto, las manos que habrán acariciado las plantas como si estas le pudieran hablar, las manos que habrán jugado entre juguetes inmóviles desparramados por el suelo. Juguetes que podrían contar su historia, la historia de una niña de ojos marrones que abre los labios y habla, lentamente y consigo misma, y se inventa la historia de sus juegos, y consigue que en unos minutos una muñeca de ojos tristes y manchada de polvo se pueda convertir en la bella bailarina de un circo mundial.
Sonríe, y sus labios rosados apenas descubren todo lo que en ese momento pasa por su mente, lo que ha pasado alguna vez por la de todos nosotros: el guirigay de las emociones, las idas y venidas de los pensamientos frustados, el porqué de lo que nos rodea...
La emoción al mirar al cielo y descubrir que esa nube tiene forma de dragón, que se ha teñido de rojo al haber llegado el atardecer, la emoción de mirar al suelo y ver una flor entre las baldosas...
Tiene la mente y alma en desarrollo, el amor hacia el mundo escondido en un rincón de su corazón a la espera de que explote y pueda ser descubierto, la ingenuidad de sus años envuelta en un cuerpo menudo y frágil, esa forma de poder decir lo que siente y no esperar a cambio más que la aceptación... es maravillosa, es genial.
Quieres abrazarla y estrechar entre tus brazos a esa pequeña vida en crecimiento, que te inunda la ternura y (jamás podrás negarlo) que esos ojos que te miran sin vergüenza y sin amago de apartar la mirada, te remueven el alma y te hacen pensar en tu pasado y todo lo que hiciste durante aquellos años en los que lo único que podía importarte era el juego con el que pasarías la tarde... que te hacen pensar en ti mismo sentado en el suelo, las piernecitas rozando la madera oscura del suelo, el vestido arrugado y dibujando a saber qué sobre un folio de color blanco (a la espera de ser cubierto de colorines incoherentes).
Me recuerdo a mí misma corriendo por el campo, entre los matorrales y las flores, jugando al escondite mientras buscaba el lugar donde nadie jamás podría encontrarme.
Y mientras, me reía a más no poder...
2 comentarios:
http://www.laesferadigital.es/blogs/emergencia-educativa/308-muerte-digna-mi-abuela-eloisa.html
A lo mejor te gusta mi entrada en mi blog...
Es muy bonita, me gusta mucho
Publicar un comentario