domingo, 20 de mayo de 2012

Querer alterar el alma de cualquiera que lea tus palabras

Curiosamente, en honor a lo que no podemos aclarar, nuestra vida está tan enrevesadamente repleta de elecciones sin causa y sin sentido que en ciertas ocasiones lo mismo da hacer una cosa u otra, alegando así que las consecuencias ambas opciones son tan efímeras o nos son tan indiferentes que finalmente pasamos de pensar en ello, sino simplemente dejándonos llevar.

Otras veces, sin embargo, tenemos algo, una cuestión, una idea, un don... tan increíblemente preclaro en nuestra mente que todo lo concerniente a él se convierte en una obviedad en nuestra vida, en nuestra mente y en nuestra forma de pensar así como en la de expresarnos.

Con esto quiero llegar a un punto muy concreto. Crear. Rescatar de la nada lo que nunca existió, explicar con palabras los sollozos de un recuerdo perdido, alterar el corazón del desconocido haciendo vibrar el alma de cualquiera que lea tus palabras.

Palpita así, flojito, dentro de ti, como un alma en miniatura situada entre tus costillas. Camina por tus venas camuflado entre tu sangre, pero deja a su paso una espiral infinita de genialidad y comprensión. 

Te hace entender y comprender lo que te rodea, ya no hay cuerdas que te atan, sino cuerdas que impiden tu salto al vacío y por eso las comprendo. 

Me siento viva sintiendo esto, y de cualquier otra forma no podría ser, de cualquier otra forma me haría pensar que no soy yo. ¿Cómo podría ser así? Entendedme. No puedo cabrearme con el mundo cuando soy capaz de entenderlo. Cuando sus porqués y sus razones quedan al desnudo ante mi curiosidad infinita por él, yo no soy capaz de enfadarme cuando el destino me es adverso. 

Me gusta crear algo jamás expresado por nadie de la misma forma que yo antes. Para mejor o peor, combinar las letras para expresar situaciones y reflexiones, haciéndolo porque lo deseas, es sentirte libre de una forma maravillosa y fuera de mentiras. Estás tú y las palabras, lo demás sobra. 

Si pudiera expresar lo que siente cuando viajas en coche, miras por la ventanilla y un paisaje de tierra rojizas y flores anaranjadas se extiende ante ti, cuando lo miras e ipso-facto tu mente cavila sobre todo lo que podrías decir sobre ese paisaje, no fuera de lo normal pero sí inspirador, y todo ese torbellino de palabras, ideas y expresiones que pasan por tu mente como un soplo de aire helado y tonificante, que espera unos segundos antes de desaparecer por completo... palabras que desaparecen cuando apartas la mirada y las flores ya no están, porque tienes que plasmarlas en algún sitio para que alguien las lea, y sientes esa necesidad acuciante de ser leída, de serle útil al mundo. 

Sin embargo, aunque las palabras hayan volado, yo sé que han estado allí, amparadas en la tierra rojiza que cubre mi alma y hechas realidad por la necesidad de creación que, tarde o temprano, todos acabamos experimentando, en mayor o menor medida. 



martes, 8 de mayo de 2012

Tenía la carita sucia manchada por el barro

Ayer se acercó a mí. Tenía la carita sucia manchada por el barro, y las manos y rodillas llenas de rasguños que tatuaban su mano en un pequeño e insignificante galimatías de pequeños arañazos sangrantes. 

Se acercó a mí dando diminutos pasos vacilantes, y sus ojos grandes y marrones me miraban fijamente con una ingenuidad infantil que la hacía más bonita de lo que su rostro redondo ya conseguía que fuera. Me cogió la mano con la suya, más pequeña y agradable, más suave al tacto, las manos que habrán acariciado las plantas como si estas le pudieran hablar, las manos que habrán jugado entre juguetes inmóviles desparramados por el suelo. Juguetes que podrían contar su historia, la historia de una niña de ojos marrones que abre los labios y habla, lentamente y consigo misma, y se inventa la historia de sus juegos, y consigue que en unos minutos una muñeca de ojos tristes y manchada de polvo se pueda convertir en la bella bailarina de un circo mundial. 

Sonríe, y sus labios rosados apenas descubren todo lo que en ese momento pasa por su mente, lo que ha pasado alguna vez por la de todos nosotros: el guirigay de las emociones, las idas y venidas de los pensamientos frustados, el porqué de lo que nos rodea...

La emoción al mirar al cielo y descubrir que esa nube tiene forma de dragón, que se ha teñido de rojo al haber llegado el atardecer, la emoción de mirar al suelo y ver una flor entre las baldosas...

Tiene la mente y alma en desarrollo, el amor hacia el mundo escondido en un rincón de su corazón a la espera de que explote y pueda ser descubierto, la ingenuidad de sus años envuelta en un cuerpo menudo y frágil, esa forma de poder decir lo que siente y no esperar a cambio más que la aceptación... es maravillosa, es genial. 


Quieres abrazarla y estrechar entre tus brazos a esa pequeña vida en crecimiento, que te inunda la ternura y   (jamás podrás negarlo) que esos ojos que te miran sin vergüenza y sin amago de apartar la mirada,  te remueven el alma y te hacen pensar en tu pasado y todo lo que hiciste durante aquellos años en los que lo único que podía importarte era el juego con el que pasarías la tarde... que te hacen pensar en ti mismo sentado en el suelo, las piernecitas rozando la madera oscura del suelo, el vestido arrugado y dibujando a saber qué sobre un folio de color blanco (a la espera de ser cubierto de colorines incoherentes).



Me recuerdo a mí misma corriendo por el campo, entre los matorrales y las flores, jugando al escondite mientras buscaba el lugar donde nadie jamás podría encontrarme. 

Y mientras, me reía a más no poder...












viernes, 4 de mayo de 2012

El segundo más perfecto

La locura del momento en pequeñas rachas de electricidad. El huracán del momento en tu cuerpo y la vida a tu alrededor girando como una estrella.

Grita, grita, grita, pequeño sol, en ese preciso instante en el que el mundo es tan tuyo que podrías cogerlo y tirarlo por la borda de tus sueños si así lo desearas.

Vas a reírte muy fuerte con las manos extendidas hacia el sol del mediodía, que te hará amar el verano ansiado, la arena seca en tus manos mojadas y la sal en tus labios secos por el mar.

Será ese momento escondido tras una esquina del día, disimulado entre las cortinas, que esperará a que saltes el abismo del tiempo y llegues al momento en el que todo explota, al momento en el que vas a ser feliz, y cerrarás los ojos deseando que jamás acabe el segundo más perfecto de tu día.


(Luego los querrás volver a abrir, pero para entonces ya no será igual...)