jueves, 6 de octubre de 2016

De la vida que me atañe

Estaba pensando en lo poco que importa si nos correspondemos o no, en lo mucho que implica molestarse en abrir los brazos o, en cambio, pararse en seco para dar dos besos de rigor. Estaba pensando, más de lo que podría admitir fuera de las teclas, que la vida me roba la propia vida. Importa poco e implica mucho porque, al fin, los deseos permanecen más a allá de los desaires, pero el dolor aparece, muta o se retracta hasta desaparecer. En cuanto a la vida, me pertenece y me mata al mismo tiempo, como un parásito de sí mismo y estando yo en medio, siempre en medio y nunca como parte activa, del ciclo.

Estaba pensando en lo muchísimo que podría conseguir si saliera ahí fuera a buscar tu correspondencia, pero que la vida (que, por otra parte, soy yo misma) me mantiene encerrada con los ojos muy abiertos, en silencio, obligándome a verla pasar. A verme pasar a mí misma. A verme dejarme llevar.

Pensaba, otra vez, que los deseos permanecen más allá de los desaires.

Estaba pensando que las consecuencias de actuar no trascenderían lo nefasto, que nunca habría reproches y que mis actos serían naturales. Curiosamente y a pesar de ello, la vida me mantiene sujeta. No sé reaccionar. Y no hago nada.

Creo que no debería imaginarte pasando ante mis ojos ni maravillarme en éxtasis no sujetos a las leyes de lo posible. Creo también que podría pasar horas paralizada en sueños que me abstraen y que escapan a la vida que me atañe.

Aunque lentamente voy comprendiendo que, en realidad, casi todo empieza a escapar de la vida que me atañe.

Estaba pensando que podría hacer un enorme esfuerzo, enorme, y salir a combatir la vida (a combatirme a mí), para olvidar historias que no acaban en nada y empeños que, anulados, rompen poco a poco todo aquello que la vida aún me permite (que yo me permito). Podría (¡por poder!) dejar de salir a buscar tu correspondencia y de recrearme en mi dolor por su falta, que al fin y al cabo has dejado, sin dolor, cualquier contacto (¿cómo puede un contacto abandonarse sin dolor?), y ahora debería pasar por encima de todo. Pasar por encima, como si no tuviera tiempo para mirar dos veces hacia lo que nunca existió, con la falsa dignidad de los caídos.

Estaba pensando en todo eso y luego me di cuenta de que no, que no puedo. Que al fin y al fin cabo los deseos permanecen aun tiempo después del desaire.

Espero que ese tiempo acabe pronto.

Y es triste, porque ya todo escapa de la vida que me atañe...



No hay comentarios: