No parece tener la mayor importancia, no al menos cuando
piensas sobre ello fríamente. No parece ser más que una excusa para romper el
anodino avanzar de nuestra rutina, siempre inexorable, artificial en cuanto a
su carencia de emociones, patrón gris e inerme, vivir absurdo a cuyo fin mortal
estamos abocados. ¿Cómo decirlo? No es más, en suma, que un desvarío anual de
nuestro ego.
Parece y es, supongo. Pero una inocente inyección de
egocentrismo cada doce meses es, en mi opinión, más que saludable para calmar
nuestro ánimo herido, nuestras sonrisas a medias, nuestra fortuna incierta.
Solo por un día, amigo, no es para tanto. Y te lo mereces.
Por ser la vida
una mezcolanza cruel de emociones difusas, arbitrarias. Acojonantes. Por
despreciarnos como hormigas vacuas, obreras en masa, vagando por los umbrales
extraños de la vida, el amor y la muerte. Por reducir nuestro futuro a
conjeturas pesimistas y nuestro pasado a una nostalgia de la que no es
merecedor. Por lo irrefrenable de los sentimientos que nos sacuden a cada día,
a cada hora, a cada mirada, a cada tímido acercamiento. Por lo interesante de
un azulejo, de las palomas de los parques, el asiento del metro, los cuadrados
de tal camisa, el color de las estrellas, las paredes desconchadas, los pisos
de mala muerte, el olor de ciertos instantes.
Por ser cada día una persona diferente y crecer, crecer, crecer en el
entendimiento del mundo. Por luchar todos los días contra cualquier pensamiento
desmerecedor de tu persona (somos tan destructivos, siempre, todos), siendo
estos pensamientos tan ilógicos, tan absurdos.
Por las ganas de vivir que arrancamos a la fuerza de lo más
profundo de nuestras entrañas aun cuando no nos da la gana de sonreír porque,
en fin, no es un buen día. Por la alegría desbocada de seguir siempre hacia
delante a pesar de todo, esto y aquello, por tu inspiradora obcecación que te
lleva a querer ser feliz, siempre. Por las miradas perdidas, el sol en el
rostro, los viajes en tren, los nuevos amigos, los conocimientos aún no
adquiridos, la lucha eterna por seguir haciendo tu camino.
Lo siento, sabes de sobra que tiendo a divagar. Pero por
todo eso y mucho más, por ti y por tu futuro (y sobre todo, por el presente)…
feliz cumpleaños. Sabes que no creo en la felicidad, pero ojalá tú alcances lo
más parecido a ella que pueda nadie encontrar.
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