lunes, 28 de abril de 2014

Pintar

Vamos a cambiarlo todo: cómo quisiera, cambiar y desear –o más bien desear y cambiar– a un ritmo vertiginoso, candente e hiriente, difuso, mojado, terrible, fascinante.

Cómo convertiría yo el mundo, creándolo desde el principio con cartones y acuarelas, con pinceles muy finos marcando el ritmo en óleos resplandecientes de color y de contrastes bien marcados, sombras negras y elegantes, luces blancas y altivas.

Cómo crearía la belleza, pintaría a las mujeres con vestidos gaseosos y a los hombres con camisas blancas y espaldas poderosas. Les pintaría los ojos color chocolate y turquesa y ambarinos, y crearía apasionadas pieles cobrizas y otras tantas blancas, como transparentes a las frágiles venas.

Cómo me gustaría, pintar la belleza con los colores del arcoíris, marcar el misterio de unos labios oscuros con un rostro oculto en sombras, delinear las pestañas rubias de unos ojos almendrados y esquivos, besar con un lápiz el contorno perfecto de un mundo adorable, dejar correr el grafito fundiendo miradas oscuras, miradas con sombra, miradas con luz, miradas alegres y espontáneas.

Cómo quisiera poder plasmar toda la belleza que soy capaz de imaginar, y todos los misterios pendientes, y todas las aventuras radiantes, y todo el peligro de unos brazos poderosos, y toda la perdición que entraña la visión fugaz de tanta ansiada perfección, tanta oscura perfección.

Sonaría de fondo una música candente, única, sollozante.


Dibujaría las notas musicales en las vibraciones del aire.  


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