martes, 11 de junio de 2013

Huella

Vuelve la sombra cierta y cobarde, agobiante, de lo que en otro tiempo fue certeza física a mis espaldas, palabras y movimientos sonrientes bajo el resguardo de una mayoría creciente y aburrida, monótona y voraz, muerta de ansia sobre aquellas tristes demostraciones de un juicio velado y despreocupado, cambiante, cruel en ocasiones.

¡A veces dudo por tu culpa, me revuelco en mis indecisiones, cambio! Y podría haber sido otro blanco aquel que señalaban tus letras, tus frases desordenadas. 

Podría yo haber quedado al margen y hacer olvidar lo que nunca correspondió a esta mente retorcida y singular, o simple y mayoritaria, pero propia y por tanto sensible a mis lágrimas, a tus índices acusatorios -dirigidos hacia un mar embravecido donde muchos residimos y por tanto todos nos damos por aludidos. 

Y tú y tus intrigas danzantes eran tan seguras y tan acertadas que igualmente me hundí en aquel pozo mío de inmundicias apagadas adonde me arrojaste, ente cruel. Tú y mi estilo fuisteis almas engendradas en opuestos y antagónicos puntos del lugar donde moran las personalidades nonatas. Y el tuyo fuerte y angosto dobló lo que fue creado para romperse, para quebrar. 

AHORA SOY CIEGA Y ME DETENGO.

He perdido la ilusión fuerte y valiente que me guiaba allá por donde iba, ahora estoy muerta y perdida sin fuerza ni razón, y sigo allá a quien dice tener razón por no tener yo fuerzas para razonar sus argumentos. SOY UN DESPOJO PORQUE TÚ SIN RAZÓN ROMPISTE LO QUE ERA MÍO.

Arrollabas por el mundo lo que se te ponía ante tu cuerpo atronador, todo lo querías bajo tus pies, bajo tus garras, juzgando, apisonando y dejando atrás a quienes como yo abrazamos al silencio y nos escondemos huyendo de un tornado tan fuerte que lo arrastra todo, que no deja razonar porque lleva a temer ser inferior. Todos tenían que seguirte. Y yo tenía que ser hundida.


Pero esto no quedará así. No se suprime el orgullo feroz y aquella ambición que en otros tiempos me llevó a querer ser mejor y a superarme, porque esos son las virtudes que prevalecen y que de ti me guardan, aunque menguadas y a la espera de una llama que las reviva, porque ahora agonizan como únicas supervivientes de una guerra cuyas principales víctimas fueron todos mis sueños y la fuerza necesaria para llevarlos a cabo.

Sí. DEJARÉ MI HUELLA EN EL MUNDO. Y si no soy capaz de ello, tú irás detrás de mí y tampoco lo lograrás, porque reivindicaré lo que el mundo me niega por ser tan cortos -"azogues, almas cortas"- y tan ciegos y tan débiles.

¿Crees que no? Ahora empiezan tus juicios, tus mentiras multicolores. Tus palabras atropelladas, esa facilidad tan grande para decir las cosas con tanta seguridad.

Como si supieras. Como si supiéramos.

Pero aquella promesa... la pienso llevar a cabo como si en ello me fuera la vida, Y DEJARÉ UNA HUELLA MUCHO MAYOR DE LA QUE JAMÁS IMAGINASTE.


Sí. Con la rabia se es capaz de llegar lejos. Y lo siento. Pero es así.



sábado, 1 de junio de 2013

Cerrar es abrir

Andaba yo buscando una fantasía ideal en la que vivir de manera sempiterna, un péndulo que al oscilar no me arrancase las vísceras realistas del alma. Una utopía de tremendas dimensiones que me permitiera, en fin, vivir en una mentira perenne y confiada. 

Yo presentía una imaginación fresca y orgullosa en aquel camino que subía entre los vericuetos de la montaña fría y cálida, había un olor a esperanza en aquellas hojas y aquellos colores, aquella luz, aquellas personas. 

Hundíame presto en alguna vereda verde y marrón, entrañable y desgarradora, por tanto. De leyenda. O de odio. Tanto es así como me recuerdan lo que es nuestro camino: un desecho de broza, criminal y sangriento, traicionero, feroz, hambriento, famélico. Repleto de vidas en esas condiciones, en ese estado, con ese rostro, con esas caídas en la mirada, esas costillas bajo la piel que muestran feroz hambre de ternura. 

Esas vidas hundidas, desesperadas, muertas y desgarradas por dentro, cúmulos de sangre incierta, de heridas sin cerrar. Por ellas se les escapa la vida y ese agua que les puebla las venas.

Y así cerraba yo los ojos para que vieran lo que no existía. Que vieran así una mentira cuya utilidad es a misma que contemplar nuestras vidas apagadas: nula, fútil. No la hay. Es lo mismo. La vida allí continúa, el sueño no perece y la sed no se calma.

Vendrán los vientos grises a arrancarnos de nuestro tórrido sol. 

Vendrá el audaz cuchillo, querrá rasgar nuestra carne.

Vendrá una única soledad de dientes negros, de piel blanca, de manos engarfiadas. Sola, única, triste.


Y yo... yo presiento todo esto tal y como ellos lo viven, les veo a todos hundiéndose en su miseria y despojándose sin saber de lo que ahora, ilusos, les hace felices. 

Les veo solos, asustados, sabedores de lo que yo sé ahora. Les veo secos, hambrientos, perdidos.

Yo ya cerré los ojos y eso me hizo abrirlos. 

Cerrar es abrir, y ellos al abrir los cierran.