Crepúsculo cerrado, cuando la luna nueva brilla por su ausencia, la negrura se traga tu alma y el silencio es tan sobrecogedor que te sientes muda en la inmensidad.
Eres pequeña. No eres nada. Un átomo en el universo. Apenas se puede decir que existes. Y la tristeza habla por ti, tu alma llora, giras el cuello hacia el cielo esperando ver belleza y solo ves una grandeza tan enorme que hace empequeñecer. Quieres acurrucarte en el suelo, junto a una pared, abrazarte las rodillas y mirar al cercano suelo.
Pequeñas serpientes de agua por tu rostro, bañándolo en lágrimas. No hay más que soledad, porque te giras y no hay nada.
Apenas eres una humana. Humanos, reyes de la creación, seres con pensamientos propios, emperadores indiscutibles de la tierra. Reímos y amamos por razones que no son instintivas. Amamos con fuerza, agarrándonos a donde podemos. Besamos labios con la pasión de un huracán y sollozamos con la grandeza de un desierto.
Destruimos el planeta con nuestros errores, matamos y teñimos de sangre nuestra alma, nos entregamos a cualquiera y nos reímos de los demás.
Humanos que nos abrazamos sin manos.
Somos tan ínfimos que nuestro juego de poder no es nada.
Al comprender todo eso, en un mísero segundo mientras admiras la bóveda celeste, romper a llorar por todo lo que acabas de entender, porque no eres nada y lo eres todo, por todos los grandísimos errores que cometemos vez tras vez, porque para nosotros las consecuencias son algo nulo y sin significado, que se puede afrontar más tarde con tal de hacer cualquier cosa hoy.
Vuélvete triste, por favor. Llora si tienes el corazón lo suficientemente grande. Desespérate en la inmensa oscuridad de la noche. Que te duela. Que comprendas todo. Todo. Que te arrepientas.
Si has sentido todo eso, vuelve a mirar las estrellas. Seguro que ya no te guardarán ningún rencor.
Y poco a poco podrás despojarte de tu dolor y tu tristeza.
1 comentario:
Eres tan pequeña y tan insignificante que toda la creación, todas las estrellas, todo el Universo ha sido creado para ti, para que tú lo disfrutes. Porque lo que te hace grande es reconocer tu pequeñez.
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