martes, 24 de abril de 2012

Odiamos las flores que surgen tras los espinos


Qué almas más enrevesadas las nuestras que sufrimos por el bien ajeno y morimos al no ser el nuestro suficiente.

Herimos corazones y rebajamos las esperanzas de la persona en quien más confiamos por destrozar la ínfima felicidad que han alcanzado.

Miramos sus ojos con rabia cuando atisbamos en sus vidas un leve suceso que nos eclipse. Ansiamos ser aquello que todos los ojos miren, que ocupe todas las mentes de la gente.

Somos tan felices... cuando conseguimos una etapa del camino, cuando damos a conocer lo que en realidad llevamos dentro. Tendemos la mano con alegría, amamos con ganas y corremos como niños rodando por los pétalos rojos de la fama. Elevamos la comisura de nuestros labios ansiando que vean nuestra sonrisa.

Habrá alguien que se muerda las uñas entre las sombras, que te odie por los méritos, que rezume rabia por todos los poros de su piel, escupiendo ponzoña por su lengua viperina.


Todos hemos sido alguna vez la bestia entre las sombras, el monstruo dominado por la envidia, el aguafiestas de las ilusiones ajenas, la roja sangre tiñendo con ganas el polvo de la estrella.
El defecto de la envidia puede incluso ser virtud al convertirse en sana competitividad, pero a su vez en horror al alcanzar tan fácilmente como solemos los límites de la humanidad, que tan constante y habitualmente traspasamos.


Nos enredamos con las ramas del camino.

Tropezamos con las raíces del destino.

Odiamos las flores que surgen tras los espinos.

Matamos los olores que nos acarician al pasar el viento.





2 comentarios:

Pedro Luis Llera dijo...

¿Has probado con la poesía? Tienes una prosa muy poética. Enhorabuena.

Casiopea dijo...

Prefiero la prosa, con la poesía me da la sensación de que no me aclaro. Pero algo intentaré