lunes, 2 de mayo de 2016

Entropía

Tengo tiempo más que de sobra para estar sola y tiempo más que de sobra para estar acompañada. Gira, entonces, mi ánimo entre la soledad y la compañía. Ambas gratas y complementarias, aunque quizás deba más agrado a la soledad, con cierta diferencia incluso. No soy, debo admitirlo, una persona muy equilibrada en ese aspecto.

Ninguna de ellas, sin embargo, da giros abruptos en su realización. Lo que hacen es, más bien, empecinarse en seguir alargando la repetición de su rutina en la que, al parecer, se sienten más que cómodas. Estoy hablando todavía, para el lector despistado, de la soledad y la compañía.

Así, ambas prolongan la monotonía de sus acciones mediante la reiteración de las anteriores. Entonces, es siempre igual en mi vida. La monotonía persiste dentro del propio cambio. ¿Qué está pasando?

La frustración es, por tanto, más que evidente. Y el caos que se oculta en el pulcro orden, converge en el más desesperanzador agobio. ¡Si al menos fuera al revés, y sintiera el orden bullir oculto dentro del maravilloso caos! Pero no. ¿Qué me está pasando?

Y así pasa el tiempo sin haber logrado nada, aparente cambio dentro del real estatismo. ¡Y ver cómo se cierra de nuevo el círculo y comienza el ciclo con su mortal avance en patrones dispuestos y el espanto insomne de sentir cada día como calco de otro pasado y lucir con vergüenza la sombra desvaída de un ayer marchito!...

Y morir en vida ante la absoluta falta de entropía.


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