domingo, 13 de marzo de 2016

No es día para hablar sobre amor

No sé muy bien por qué, pero lea lo que lea y pregunte a quien pregunte, el amor prima en la poesía y en las artes como señor indiscutible de los sentimientos plasmados. Bien. Debo entonces ser persona extraña o antipoética, pues no encuentro manera medianamente elegante de hablar sobre ello sin caer en ripios o azarosos circunloquios. Será que no me gusta demasiado meterme en semejante barrizal, del que es sin duda tan difícil hablar, demasiado caótico dentro de su propia simplicidad. La simplicidad, por cierto, es por tratarse de un sentimiento colectivo que a todos ha encontrado y por todos ha sido sufrido. Es decir, por todos entendido.

Supongo que me da pereza hablar de algo que ha sido tan comentado, o de alguna manera siento que no podría explicarme mejor de lo que lo hicieron los grandes poetas. Prefiero, por tanto, relegar mi cuestionable talento a temas menos tratados. Temas que, por otra parte, sufrirían la egocéntrica supremacía del amor una vez más si yo decidiera abandonarlos (pero no, hay tanto que hablar con respecto a la soledad, la frustración, la alegría, la no felicidad, la decepción, la amistad, las personas que no están).

Será que yo misma no tengo muy claro lo que es y rehuyo, cobarde, el tema. Puede ser. En cualquier caso no me da la gana de hablar de los sentimientos encontrados, la poesía de las miradas que se estancan la una en la otra. No sé, no puedo centrarme ahora en la dulzura anárquica de tus formas levemente vislumbradas ni en las insistentes ideas que bullen trazando curvas concupiscentes en mis pensamientos. Por no hablar del desasosiego a tiempo completo que amordaza mis acciones. No insistáis, pues repito que no es momento de enumerar los temblores a deshora ni las situaciones que mi imaginación disparada recrea ni el deseo constante de circunscribir tu vida a la mía.

Como veis, hoy no es día para hablar sobre el amor. Y punto.




domingo, 6 de marzo de 2016

Feliz cumpleaños

No parece tener la mayor importancia, no al menos cuando piensas sobre ello fríamente. No parece ser más que una excusa para romper el anodino avanzar de nuestra rutina, siempre inexorable, artificial en cuanto a su carencia de emociones, patrón gris e inerme, vivir absurdo a cuyo fin mortal estamos abocados. ¿Cómo decirlo? No es más, en suma, que un desvarío anual de nuestro ego.

Parece y es, supongo. Pero una inocente inyección de egocentrismo cada doce meses es, en mi opinión, más que saludable para calmar nuestro ánimo herido, nuestras sonrisas a medias, nuestra fortuna incierta. Solo por un día, amigo, no es para tanto. Y te lo mereces.

Por ser la vida una mezcolanza cruel de emociones difusas, arbitrarias. Acojonantes. Por despreciarnos como hormigas vacuas, obreras en masa, vagando por los umbrales extraños de la vida, el amor y la muerte. Por reducir nuestro futuro a conjeturas pesimistas y nuestro pasado a una nostalgia de la que no es merecedor. Por lo irrefrenable de los sentimientos que nos sacuden a cada día, a cada hora, a cada mirada, a cada tímido acercamiento. Por lo interesante de un azulejo, de las palomas de los parques, el asiento del metro, los cuadrados de tal camisa, el color de las estrellas, las paredes desconchadas, los pisos de mala muerte, el olor de ciertos instantes.  Por ser cada día una persona diferente y crecer, crecer, crecer en el entendimiento del mundo. Por luchar todos los días contra cualquier pensamiento desmerecedor de tu persona (somos tan destructivos, siempre, todos), siendo estos pensamientos tan ilógicos, tan absurdos.

Por las ganas de vivir que arrancamos a la fuerza de lo más profundo de nuestras entrañas aun cuando no nos da la gana de sonreír porque, en fin, no es un buen día. Por la alegría desbocada de seguir siempre hacia delante a pesar de todo, esto y aquello, por tu inspiradora obcecación que te lleva a querer ser feliz, siempre. Por las miradas perdidas, el sol en el rostro, los viajes en tren, los nuevos amigos, los conocimientos aún no adquiridos, la lucha eterna por seguir haciendo tu camino.


Lo siento, sabes de sobra que tiendo a divagar. Pero por todo eso y mucho más, por ti y por tu futuro (y sobre todo, por el presente)… feliz cumpleaños. Sabes que no creo en la felicidad, pero ojalá tú alcances lo más parecido a ella que pueda nadie encontrar.