domingo, 23 de agosto de 2015

¿Aún?

¿Existe? ¿Ha muerto o aún perdura? ¿Seguirá vivo para siempre, como en los cuentos, o murió tras dos semanas, algunos llantos y una conversación entre amigos? No, nada, absolutamente nada de lo que pudieras encontrar en este mundo, es como en los cuentos. Ni los rostros, ni los sentimientos, ni las miradas, ni las sonrisas. Pero sí, hay un término medio entre el olvido absoluto y la candidez de las historias para niños.

Por eso, vuelvo a preguntar: ¿aún existe? ¿Queda algún resquicio de las emociones pasadas? Un escalofrío intempestivo, un recuerdo fugaz que nos entristezca, un zumbido de fondo que nos susurre: ¿y si...?

A lo mejor una resurrección de nuestro modo de pensar (más frío y maduro, tal vez), o una sensación de desamparo por el intento fallido, o una indiferencia que no conocíamos en nosotros. Quizás algo más triste y bonito que todo aquello: tristeza constante de segundo plano que empañe nuestras sonrisas, una mirada entre feliz y perdida, un anhelo sombrío que reaparece en los momentos de mayor silencio. 

Pero yo aún sigo pensando en ello: ¿resurge en ocasiones o ya fue acallado para siempre? ¿Son los sentimientos una constante de variables proporciones en nuestra vida o pueden silenciarse para siempre? ¿Se siente igual de intenso (no, eso es imposible) o ha mutado a una emoción más resignada, pero igualmente dolorosa? ¿O tales sentimientos no llegaron más que a un inmediato alivio ante una situación que realmente no fue para tanto?

En general, ¿podemos olvidar lo que en determinado momento nos obsesionó, aunque levemente fuera? No lo creo. 

En resumen, tan solo esto quisiera yo saber: ¿ha muerto o aún perdura?



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