viernes, 20 de junio de 2014

No se compara

Las luces, la música, la mezcla de sabores y los giros sobre uno mismo, los halagos callados y las miradas marchitas por exceso de cariño. Las pinturas dedicadas y el grafito cuando corre, los libros que llenan vida y las palabras cuando vuelan y rasgan corazones, las noches de verano y el silencio selectivo de alguien decidido a no caer por los demás. El roce inesperado de unos dedos, el rubor propio y ajeno, el círculo de acercamiento vital, el abandono sin más a media hora de olvido existencial. Los abrazos largos, las sonrisas comunes y el andar juntos por las calles.

Pero no hay nada que se compare a lo que tú creas todos los días de tu vida, la constante de tu realidad. No hay nada que supere la abstracción de tus gestos ni la concentración de tu mirada. Y una tras otra van saliendo de tus manos, el lenguaje universal, el máximo entendimiento comprendido por todos, amado por todos, deseado por todos, perseguido por quienes lo pueden llevar a cabo y por los que no.

Nada es como se desea y las luces, los halagos, el grafito, las palabras, el roce, el rubor, el abandono, el silencio y las sonrisas se empañan transcurridos los primeros instantes de nublada perfección, la cumbre se alcanza casi siempre pero dura poco y enseguida decrece, haciéndonos dudar de si alguna vez existió. Y nos sumimos en la mediocridad de la inseguridad.

Pero no hay aquí nada que tenga que ver con lo que tú haces. Eres como esos pocos, que al segundo te miran y un momento después son inalcanzables por su embeleso. Estás creando y crear me encanta, sacar de la nada aunque ya antes existiera por medio de otros (porque es un arte que se traspasa: aparece y desaparece). Sencilla paradoja (y también paradoja por ser sencilla).


Lo tuyo es aquello que muta de mano en mano, que jamás permanece sino que se altera con mínimas variaciones, tus variaciones: tus dudas, la rapidez de tus movimientos, los cambios personales. 

Me encanta.